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Alberto Telias y Javiera Gatica son Sin Recetas, una pareja, un complemento, un equipo. Dos cocineros que desde trincheras opuestas, lo dulce y lo salado, quieren hacer que la gente coma rico, que se rodeen de bocados lindos y que puedan gozar con propuestas sabrosas, creativas pero esencialmente simples. La idea es y será, tener cosas listas para que usted disfrute sin hacer muchos más que elegir sus antojos y gustos desde un menú donde ambos se expresan a través de lo que hacen mejor y con más pasión: cocinar.

Alberto nació hace 32 años en una familia comilona, de esas que pueden pasar horas solo pensando en qué pueden cocinar o conversando de lo que recién comieron en una ruta constante de restaurantes. Por eso entrar a estudiar cocina fue casi natural, de ahí que después aplaudieran sus primeros risottos (uno de sus platos estrella en sus jóvenes 20) o la idea de partir a hacer pasantías a Francia y España donde se impregno de la rigurosidad que la cocina requiere, la aplicación de técnicas el placer de comer y preparar platos con lo mejor. Hoy han pasado muchos sartenes por sus manos, trabajó desarrollando el área de productos salados en Manjares para llegar a concebir toda esta sección en Sin Recetas. Alberto es el hombre que hace y crea los productos salado, que quiere que la gente disfrute de los ingredientes chilenos, de buenos pescados, riquísimas quínoas, cremosas pasteleras, por ejemplo, todo con una vuelta original que expresa lo mejor de cada ingrediente, conectado a la estación, a la tierra y al sabor.

Javiera vendía paletas de chocolate en el colegio, llevaba sus propias tartas a los recreos y pasaba horas en la cocina rodeada de manjar, harina, azúcar. De ahí que hace mucho supiera que su sonrisa estaba pegada a las cosas dulces de la vida. Hizo varios cursos, estudió cocina, partió un tiempo a Puerto Rico donde se flechó con los brillos y lo lindo de la pastelería que hoy, a sus 28, se manifiesta en una adoración por el universo de los quequitos (ahora conocidos como cupcakes y popcakes) que no han hecho más que desarrollar su lado decorativo y a la vez sabroso. También pasó por Manjares, llegando a ser jefa de diseño y realizando miles de figuras dulces hechas con sus propias manos, un arte que requiere de cuidados y detalles, algo así como entrar a un mundo donde la fantasía comestible y creativa ilimitada. También es la encargada de los postres, un puñado de finales azucarados que mezclan propuestas clásicas pero con la mirada de hoy y el principio de la buena materia prima como regla. Abundancia de placer que se disfruta a cucharadas dulces.

Juntos crean un comer completo, un comienzo a un final que pasea por cosas ricas, abrazadoras. También hacen clases y andan en constante búsqueda de novedades, sorpresas, grandes sabores que se van cruzando, integrando, armando el concepto de cada preparación, con movimiento. He ahí que no haya una receta estática y que se siga a la intuición.